AI4 Business fue una jornada celebrada el 10 de septiembre de 2026 en Sant Quirze del Vallès (Barcelona) donde empresarios que usan inteligencia artificial en sus negocios contaron, en dos mesas redondas, qué les funciona, qué les ha costado dinero y qué harían distinto. La palabra que más se repitió fue una: criterio.

Empresarios que usan inteligencia artificial: una tarde en AI4 Business

El jueves 10 de septiembre estuve en AI4 Business, en el BMC Business Center de Sant Quirze del Vallès. Organizaba Velázquez Partners, y el 60 % de los beneficios se destinaba a la lucha contra el cáncer infantil, a través de Sonrisas sin Cáncer.

Dos mesas redondas, una presentación técnica de un patrocinador y una sala llena de gente que dirige empresas de verdad: despachos, industria, servicios, comercio.

Fui a escuchar, no a vender. Volví con la libreta llena y una palabra subrayada tres veces: criterio.

Por qué te lo cuento

Porque lo que se dijo allí vale para tu negocio aunque nunca pises un evento de IA. No hubo trucos de magia en el escenario. Hubo empresarios contando qué les ha funcionado, qué les ha salido mal y cuánto les ha costado aprenderlo.

Y porque casi todo lo que escuché confirma lo que veo en los despachos y pymes con los que trabajo: la tecnología va muy rápido; las personas y los procedimientos, no.

Empezó hablando de confianza

Abrió Filipa, de Corporate Connections, con una reflexión que parecía fuera de lugar en un evento de IA y acabó siendo el hilo de toda la tarde: «Hay algo que la IA no puede hacer. Que es dar confianza».

La máquina te puede preparar una lista de quinientas empresas y hasta el mensaje para cada una. Lo que no puede es conseguir que el dueño de una de ellas te coja el teléfono porque se fía de ti.

Guárdate esa idea. Volvió a salir, con otras palabras, en las dos mesas.

La palabra de moda

Ya en la recta final, Marc Urgell, socio fundador de Abast Legal, lo resumió medio en broma: «El criterio, que es la palabra de moda hoy».

Tenía razón, y no por casualidad. Fue lo único en lo que estuvieron de acuerdo todos los ponentes, vinieran del mundo del software, de la industria o de la abogacía.

Te cuento lo que se dijo, mesa por mesa, y al final lo que yo me llevo para aplicar en una pyme.

La primera mesa: empezar por lo aburrido y no soltar el volante

En la primera mesa estaban Carlos Estratega (creador de contenido y fundador de Storyboo), Iván de Prado (responsable de IA de Magnific, la antigua Freepik), Nicolás Vilela (fundador de ZTZ Tech Group) y Arnau Cuenca (socio fundador de NorthPlanner).

Nada de magia

Arnau Cuenca abrió fuego: «Todo el mundo espera que la inteligencia artificial haga cosas mágicas […] Pero es que no va así». Y dio la pista buena: «donde de verdad es útil es haciendo cosas aburridas, al menos para empezar».

Copiar, pegar, revisar documentos. Lo que más horas come y menos criterio necesita. Puso el ejemplo contrario: carteles hechos con IA sin nadie con oficio detrás. Mala implantación, no mala herramienta.

El criterio se forma con experiencia

Iván de Prado dijo la frase que luego retomarían varios ponentes: «La palabra clave que yo voy a repetir varias veces […] es el criterio. Y eso es lo que la IA aún no tiene». Y la completó: «El criterio se forma a partir de la experiencia».

Todo el mundo tiene acceso a la misma IA. No consigue lo mismo una persona con criterio que otra sin él.

Añadió un error frecuente: una IA que no tiene acceso a tus datos y tu contexto no puede ayudarte de verdad. Eso sí, con cuidado con la privacidad, como recordó la moderación.

La IA es un nitro

Nicolás Vilela dejó la imagen más visual de la tarde: «Lo que va a hacer la inteligencia artificial es un nitro, pero si no son Colapinto no se suban a un auto de Fórmula 1, porque van a chocar». Franco Colapinto es piloto de Fórmula 1: si no sabes conducir, más potencia es más riesgo.

Su consejo fue repasar las cuatro áreas de la empresa (administración, producto, comunicación y venta) y pensar en cuáles tienes criterio y en cuáles no. Y un aviso incómodo: «Aquellos que ustedes piensan que sus colaboradores todavía no están haciendo hoy con inteligencia artificial, déjenme decirles que ya lo están haciendo».

Carlos Estratega, por su parte, recordó que compites con otras personas, no con la IA. La diferencia está en poner tu cabeza encima de lo que hace la máquina.

Un micrófono de mesa apagado sobre su pie

Lo que te iguala y lo que te diferencia

En esa misma mesa se dijo una frase que llevo repitiendo desde entonces: «Automatizar lo que te iguala y no automatizar lo que te diferencia». Lo que hace todo el mundo, a la máquina. Lo que te hace especial, lo guardas para ti.

También se habló de la «IA en la sombra»: cuando la herramienta que da la empresa es peor que la de casa, el empleado sube archivos de la empresa a su cuenta personal. Y de un consejo práctico: no casarse con una IA concreta, porque salen nuevas cada pocos meses. Lo que importa es el proceso.

Del becario al senior

En el turno de preguntas alguien planteó cómo convertir a la IA, que de momento es un becario, en un consultor con experiencia. Nicolás Vilela respondió con tres ideas: elegir bien la herramienta probando, documentar todo el conocimiento de la empresa como si fuera el temario de una universidad y tener cultura de cambio para pasar a otra herramienta cuando toque.

Y sobre cómo medir, Iván de Prado defendió que los indicadores que ya tienes, si están bien diseñados, deberían servir. Si la IA funciona, se tiene que notar en ingresos y productividad.

La segunda mesa: implantar, medir y hacerse cargo

Antes de la segunda mesa, uno de los patrocinadores explicó cómo implantan IA las empresas grandes. Dejó dos frases para enmarcar: «Las IAs fallan, y fallan mucho» y «todos los modelos tienen caducidad». Su propuesta: que todo lo que la empresa manda a la IA pase por un único punto de control, para decidir qué datos salen, dejar registro y cambiar de proveedor si uno falla.

La segunda mesa la moderó Daniel Asensio (BTech y EBRO), con José Elías (empresario, fundador de IA para Empresarios), Marc Urgell (Abast Legal), Héctor Matías (Everglow e IA para Empresarios) y Juan Ramón Rodríguez (AUSIL Systems).

Esto no es otra moda

Marc Urgell empezó recordando el blockchain: hace unos años se decía que quien no lo implantara moriría, y él no compró el argumento. Con la IA es distinto, dijo, porque ya ve un ahorro directo y un mejor servicio en su despacho. Su conclusión: «A corto plazo el no implementar la IA es una desventaja competitiva y a medio plazo […] es prácticamente acabar con tu compañía».

José Elías pidió prudencia sin quedarse quieto: «No puedes […] tirarte al agua sin primero tocarla con el pie. Pero si no te empiezas a mojar, yo creo que vas a llegar tarde». Y pidió a quien vende tecnología algo que cualquier empresario entiende: «un producto encapsulado que tú, empresario, […] entiendes: «Oye, yo te pago esto, tú me das esto»».

Por dónde se empieza

Héctor Matías lo ordenó: «La IA tiene que atacar primero aquellos elementos de tu organización que tienen poco valor añadido, para luego ir subiéndola».

Daniel Asensio lo bajó a un ejemplo que cualquier gerente reconoce: «Donde antes picabas facturas a mano, ahora con una foto una IA te lo categoriza».

Implantar no es instalar

Marc Urgell dijo la frase que más me he apuntado: «Implementar IA en una compañía no es instalar 50 licencias de una IA en los dispositivos. Es detectar en qué parte del proceso productivo puedo sustituir, crear ese procedimiento usando la IA y luego explicando a todo el mundo cómo tiene que hacerlo». Y añadió lo que casi nadie dice: después hay que controlar que se haga.

Cuando José Elías le preguntó si pondría una persona o una IA, contestó: «Yo soy de poner a Manolo y a la IA. De momento».

Medir lo que se ve y lo que no

José Elías fue el más práctico: «Si no mides KPIs, pues vas un poco a intuición». Y dio ejemplos de lo que no sale en euros: «soy capaz de entregar mi producto 24/7 o soy capaz de responder a mis clientes en cinco idiomas».

Marc Urgell contó su doble cuenta. La de números: un sistema automático le ordena la documentación en la carpeta de cada cliente, y eso es un ahorro directo. Y la de calidad: el cliente coge el informe del abogado, «lo sube a una IA y le pregunta: ¿cómo lo ves?». Por eso, en su despacho, «es obligatorio utilizar una IA porque es lo que nuestro cliente va a hacer».

Juan Ramón Rodríguez lo cerró sin rodeos: «Todos los que metemos un proyecto de IA es para conseguir un ahorro. Si no, no lo hacemos».

Cuando sale mal

Héctor Matías preguntó por los fracasos. Marc Urgell fue el único con un caso propio, y lo contó con valentía: despidieron en periodo de prueba a tres personas «por un uso abusivo de la IA sin criterio». De ahí salió su código interno: «ningún profesional puede enviar un documento sin una revisión previa».

Añadió dos límites. Una mala noticia se da llamando, no «con un mensaje hecho con IA». Y recordó el caso del abogado al que un juez llamó la atención por citar jurisprudencia que la IA se había inventado.

José Elías puso el contrapunto: «No creo que sea un problema de la IA, sino de implementación de la IA en el momento en el que estamos».

Juniors, seniors y ganas

Daniel Asensio contó algo que me tocó de cerca, porque muchos de los que me leéis tenéis entre 45 y 65 años: en sus formaciones, los mayores tienen más ganas que los jóvenes. Lo contó así: «el señor que estaba jubilado era el que más ganas tenía de aprender la IA porque decía: «Ostras, es que esto en mi época ojalá lo hubiese tenido»».

Y José Elías abrió el debate más serio de la tarde: si se contratan menos juniors porque la IA hace su trabajo de base, dentro de diez años faltarán seniors, porque la IA te ahorra justo los problemas de los que se aprende. Héctor Matías le dio la vuelta: «¿Cómo hacemos que los junior tengan el conocimiento y el criterio para poder pilotar […]?». A ese debate le dedicaré un artículo entero.

Imagina tu empresa dentro de un año

Pon tres empresas del mismo sector que salen de un evento como este.

La que espera

La primera decide esperar a que la IA madure. Un año después, sus números siguen igual. Su competencia produce el mismo servicio más barato, que es justo la ventaja que describía José Elías. Y su equipo usa la IA igualmente, a escondidas y con su cuenta personal, porque nadie le ha dicho cómo.

La que falla convencida

La segunda compra licencias para todos el lunes siguiente. Sin procedimiento, sin revisión, sin medir. Durante unos meses parece que va más rápido. Hasta que un documento sale mal hacia un cliente importante, o un dato de un cliente acaba donde no debía.

Peor que fallar es fallar convencido. Esa empresa no sabe que está fallando hasta que lo descubre el cliente.

La que lo hace con criterio

La tercera elige una tarea aburrida, escribe cómo se hace, pone a una persona a revisar lo que prepara la máquina y apunta cuánto tardaba antes. A los tres meses tiene un número, un procedimiento que funciona y un equipo que ha perdido el miedo.

No ha hecho nada espectacular. Ha hecho lo que dijeron en el escenario los que ya lo han vivido.

Una brújula de latón apoyada sobre una superficie lisa, con la aguja firme

La confianza, otra vez

¿Y qué pasa con la confianza de la que habló Filipa al principio? José Elías lo explicó con un ejemplo de taller: cuando llevas el coche al mecánico, te da igual qué herramienta use; lo que quieres es que te lo arregle. Marc Urgell lo completó: da igual con qué aprietes el tornillo, pero tienes que comprobar que está bien apretado.

La IA es la herramienta. La confianza la pone quien revisa y responde.

Cinco lecciones de AI4 Business para aplicar en tu empresa

Esto es lo que yo me llevo para una pyme o un despacho, traducido a acciones que puedes empezar el lunes.

  1. Empieza por lo aburrido. Elige la tarea que más se repite y menos criterio necesita: leer facturas, ordenar documentación, contestar las preguntas de siempre. Si nunca has implantado nada, repasa antes el programa que nadie usa.
  2. Escribe el procedimiento y controla que se cumple. Una página: quién hace qué, con qué herramienta y quién revisa. Y un vistazo semanal durante el primer mes.
  3. La máquina prepara, la persona firma. Nada llega al cliente sin una revisión humana. Y las malas noticias, por teléfono.
  4. Mide antes y después. Horas, errores, días de retraso. Y lo que no sale en euros: responder fuera de horario, atender en otro idioma, equivocarte menos.
  5. Pon normas y cuenta de empresa. Tu equipo ya usa IA. Dale una herramienta decente y una norma de una página sobre qué datos no se meten nunca.

Y una sexta, que es la que más me hizo pensar: invierte en el criterio de tu gente. Es lo único que la máquina no trae de serie.

Si te preocupa pagar herramientas de más por el camino, lo tienes en herramientitis; y si lo tuyo no lo resuelve ningún programa de catálogo, en software a medida para pymes.

Si quieres ver cómo fue la tarde, la organización compartió imágenes de la primera mesa y de la segunda.

Gracias a la organización y a todos los ponentes por contar lo que les funciona de verdad, también lo que no.

Preguntas frecuentes sobre AI4 Business

¿Qué es AI4 Business?

Una jornada para empresarios sobre el uso de la inteligencia artificial en la empresa. Se celebró el 10 de septiembre de 2026 en el BMC Business Center de Sant Quirze del Vallès (Barcelona), la organizó Velázquez Partners y tuvo un fin benéfico.

¿Quién habló en AI4 Business?

En la primera mesa, Carlos Estratega, Iván de Prado, Nicolás Vilela y Arnau Cuenca. En la segunda, moderada por Daniel Asensio, José Elías, Marc Urgell, Héctor Matías y Juan Ramón Rodríguez. Abrió Filipa, de Corporate Connections.

¿Hace falta ser una empresa grande para aplicar lo que se dijo?

No. Casi todo lo que se contó cabe en una pyme: empezar por una tarea aburrida, escribir el procedimiento, revisar lo que hace la máquina y medir. Lo que cambia con el tamaño es la cantidad, no el método.

¿Por dónde empiezo si nunca he usado IA en mi empresa?

Por apuntar, durante una semana, las tareas que tu equipo repite sin pensar. De esa lista sale la primera candidata. Empieza por una sola y mide cuánto tardabais antes.

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